La envidia es la mas ridícula de todas las ideas, porque no se puede sacar ninguna ventaja de de ella. Un antiguo adagio dice: “Cuando usted compara lo que quiere con lo que tiene, va a ser desdichado. En cambio, compare lo que merece con lo que tiene y va a descubrir la felicidad.” Lo que causa tantos problemas  no es tratar de tener  todo lo que tiene su vecino, es tratar de sobre pasarlo.

La única competencia digna de un hombre es consigo mismo.

Nada lo va a atrasar más que cuando trata de mantenerse en al nivel  de las personas que han llegado allí.

Si la envidia fuera una enfermedad, la mayoría de las personas estarían enfermas. Observe la envidia no tiene días feriados. No descansa. La envidia que nos compara a otras personas es necedad.

Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos;  pero ellos,  midiéndose a sí mismos por sí mismos,  y comparándose consigo mismos,  no son juiciosos. (2 Corintios 10:12)

Jesús nos dice:

No juzguéis,  para que no seáis juzgados. (Mateo 7:1)

La envidia es una de las formas más sutiles de juzgar a los demás.

Lo que hace que estemos descontentos con nuestra condición personal es la creencia absurda de que otras personas son mucho más felices que nosotros. La comparación, más que la realidad, hace que los hombres sean felices o desdichados.

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