Lucas 18:13 “Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘Dios, ten piedad de mí, pecador.’

Esto esta muy claro en mi corazón, mas claro que cualquier otra cosa: ningun hombre puede cambiar al Padre. Ni  usted ni yo podemos cambiar a Dios.

No obstante en la medida que un hombre se envuelve en la oración, y clama y llora y gime debido al tremendo peso por causa del pecado que lo agobia, él se quebranta en la presencia del Padre. Cuando se derrite apropiadamente y se mezcla en perfecta armonia con el plan divino del Padre, entonces el Padre con todo Su amor agape puede trabajar en ese barro donde primero no podía trabajar.

Amado Padre, transformame mientra oro. En el nombre de Jesús. Amén.

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