12Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 1Corintios 3:12-13

¿Cómo podemos saber si nuestra superestructura individual está compuesta de oro, plata y piedras preciosas?

  • En primer lugar, nuestra aplicación de la enseñanza.

En primer lugar debemos entenderla. Entonces tenemos que recibirla por nosotros mismos. A partir de entonces, debemos hacer que nos cambie.

  • En segundo lugar, nuestro enfoque a la tentación. ¿Qué hacemos cuando somos tentados? Tal vez nos vamos a enfrentar verdadera tentación, pero nos corresponde a nosotros si la resistimos o sucumbimos a ella.

  • En tercer lugar, nuestra actitud hacia las pruebas. No podemos evitar las pruebas.

Jesús dijo: “En el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33). Como cristianos nos enfrentaremos a problemas y puebas, tal vez incluso peor de lo que hemos conocido antes. Nuestra actitud respecto a los pruebas a menudo determina en gran medida lo que comprende nuestra superestructura. Usted puede ver los pruebas como la invitación de Dios en bandeja de plata para subir más alto, o puede desacreditarla, muestran desprecio por la prueba, y después de pasarla no se siente  mejor porque se negó a dignificarla.

  • Hay una cuarta manera de averiguar lo que está hecho, y es probablemente la principal: nuestra habilidad con la lengua.

En Mateo 12:36-37, Jesús describe el día del juicio:

Pero yo os digo que los hombres tendrán que dar cuenta en el día del juicio de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado.

Esto no se refiere a si se salvan o se pierden, porque en el contexto la persona ya ha está salva. Aquí Él está hablando acerca de nuestras palabras. Lo que en realidad usted y yo digamos con toda probabilidad, será lo que nos pone en problemas y se lo que entristece al Espíritu Santo. Le garantizo que, oro, plata y piedras preciosas será nuestra propia superestructura en la medida en que usted y yo el controlamos  nuestras lenguas.

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